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viernes, 5 de agosto de 2016

Efímera

Me doy cuenta
que he vivido
de momentos,
efímeros.

De momentos
que duraron un instante
y he revivido
durante horas.

He vivido 
recordando,
continuamente,
el tacto de tu piel 
sobre mi ropa,
de aquella noche de verano.

He llorado,
a veces,
rememorando,
tus pequeñas mofas
inventadas sólo para mi.

Y es que a veces,
el más efímero
de los momentos
puede perdurar un siglo.

Porque eres efímera,
toda tú,
eres pequeños instantes
que me parecen eternos.

lunes, 11 de abril de 2016

Presentándome al amor.

Tiene una sonrisa que invita a pecar, que abarca locura y la transforma en lujuria.
No recuerdo haber visto ninguna tan peculiar como aquella, y os puedo prometer que no he visto pocas. Era tan suya y a la vez quería hacerla tan mía, que al final acabó siendo nuestra. 
O de nadie, tal vez.

Cierro los ojos y puedo verla de nuevo. Aquí, en el lado izquierdo de mi cama, con esa sonrisa tan resplandeciente que era capaz de lograr cualquier cosa de mi. Capaz de provocar infinitas sonrisas en mis labios, que no querían sonreír, sino ser besados.

Y ya no hablemos de sus ojos, esos perfectos diamantes de color ocre que me miran a la vez que me reclaman un beso después de cada uno de ellos. Los mismos que me rompen el alma cada vez que se empapan de lágrimas por cualquier motivo y que me empapan a mi cada vez que los guiña.

Si es que ya me advirtieron a mi, que cuando estuviera preparada para saber que era el amor, se presentaría él mismo en carne y hueso.

sábado, 13 de febrero de 2016

Musa por un día

Eran más que enormes,
las ganas de poseerla,
entre mis brazos y piernas
aunque fuese sólo por una vez.

Ni en años
hubiera imaginado
el hacer realidad
ese deseo.

Sus labios, sus ojos,
sus ojos, sus labios.
Unos me comían y otros
querían comerme.

Se respiraba un deseo
en el aire,
que hasta el viento
no se atrevía a volar entre nosotras.

Y cuando se liberó el deseo,
y llegó a tal locura,
nos hizo perder la cordura.

Menuda lujuria.

Ya no era deseo, era necesidad.
La necesidad de besarla,
pues así lo pedía su sonrisa.
La necesidad de sentir placer,
a través de otra piel
-de su piel-.

Y cuando se aparcaba el sexo
para dar paso a las caricias,
ni yo era consciente
de cuanto me gustaría.

Así fue como,
con sus besos y orgasmos,
su enorme corazón y tiernas caricias,
quiso ser mi musa por un día.

martes, 15 de diciembre de 2015

Ni me falles, ni me faltes.

Invierno se asomó lentamente entre las rejillas de mi persiana.
-lentamente, pero veloz.-

El frío empezaba a teñir de blanco cada rincón de mi habitación, y también de mi. Hasta el punto en que mi única salvación era esconderme debajo de las 3 mantas que posaban sobre mi cama para intentar hallar algo de calor.
-mi fría cama-


Y entonces... apareciste.
Así, sin más.


Te vi pasearte entre la niebla al ritmo de mis latidos, como si no te asustase nada.
Contemplé como el camino que recorrías iba dispersando a gran velocidad toda la nieve.

Venias con un abrigo más grande que tú -pero menos que tu corazón-, y ni te costó ni te importó que te desabrochase cada uno de los botones a pesar del miedo que llevabas oculto en él.




Y fue ahí.




Fue dentro de ese abrigo donde encontré el calor que llevaba meses buscando en abrigos equivocados.
Fue justamente ahí dentro donde me quise ver durante todo el invierno -y toda la vida-. Dentro de ti. Formando parte de ti.


Ni me falles, ni me faltes cariño. Porque quemo, contigo, soy fuego.

domingo, 25 de octubre de 2015

Día 103.

He aprendido que no existen los trenes que sólo pasan una vez. Existen los que sólo paran una vez. Pues, algunos pasan y te dan la oportunidad de subirte en ellos, en cambio, hay otros que simplemente se limitan a pasar de largo y a enseñarte como es la vida desde que decidiste dejar pasar el último tren.

Y van pasando los días, las semanas, los meses, y yo permanezco de pie, al borde del andén. Inmóvil. Viendo pasar los trenes de largo a máxima velocidad, con la esperanza de que el destino como maquinista de algún tren, se replantee parar en mi estación de nuevo para darme la oportunidad de subir.

Pero no, 103 días pasan desde que espero en la misma estación. Sin retroceder de estación, pero también sin avanzar.